1. Los poetas de la
Primera Promoción de Posguerra
2. Los poetas de la Segunda Promoción de
Posguerra (o poetas de los 60 o de la Experiencia)
3. Los poetas Novísimos y sus coetáneos
(poetas de los 70)
4. La poesía en los años 80
5. La poesía en los años 90
6. La poesía en los comienzos del siglo XXI
1. Los poetas de la
Primera Promoción de Posguerra
Al terminar la guerra
civil, el panorama literario español era desolador. El estado quedaba sumido en
la miseria y había que reconstruirlo desde los rencores, la represión o la
muerte. Los más importantes intelectuales habían tenido que abandonar el país
por su vinculación a la república. Valle-Inclán, Unamuno,
Machado, García Lorca o Miguel Hernández habían muerto; casi
todos los poetas del 27 y Juan Ramón Jiménez vivían en el exilio y
comenzaban a fomentar un ambiente de gran creación literaria en Iberoamérica (especialmente
en Méjico). Los poetas que quedaron (Dámaso Alonso, Gerardo Diego,
Vicente Aleixandre, Azorín o Baroja) tendrían que empezar
una lenta reedificación literaria, contando con las nuevas voces surgidas en
estos mismos años.
A las ominosas
circunstancias descritas se une, como problema añadido, la imposibilidad de
contar con un mercado editorial, dada la miseria económica existente en esos
momentos, que se agravaría al término de la IIGM, con el consabido
bloqueo internacional a la dictadura de Franco.
La censura del régimen,
por su parte, será asaz férrea hasta entrados los cincuenta (ni que decir tiene
que las publicaciones en las otras lenguas del estado son prohibidas dentro de
las fronteras propias). De la misma manera, se considera innecesaria la
peligrosa influencia del exterior y por ello nuestros autores no leen literatura
de otros países. Los grandes poetas de antes no sólo han muerto o están
exiliados sino que sus lecturas son censuradas, así que la nueva generación no
cuenta con la oposición natural a la inmediatamente anterior. El miedo a la
represión y los castigos hace que los escritores no tienten la suerte publicando
o escribiendo ciertas cosas.
El régimen fomenta la
creación de revistas poéticas de corte tradicional como Escorialo
Garcilaso. Como su nombre indica, estas revistas propugnarán un
estilo clásico, henchido de formas renacentistas como el soneto y de temas
históricos que recuerden que España fue un poderoso imperio en la etapa del
Renacimiento. También se da una gran importancia a la temática religiosa, al
cristianismo como consuelo tras la guerra. El amor idealizado y “casto” llena
igualmente las páginas de las citadas publicaciones, o el paisaje.
La
poesía arraigada
Esta línea fue denominada
por Dámaso Alonso como “poesía arraigada” pues los poetas se
muestran conformes y felices con la realidad. En torno a la revista
Garcilaso, fundada en 1943, encontramos a los escritores autodenominados
de juventud creadora o garcilasistas, como Luis
Rosales, Leopoldo Panero, Luis Felipe Vivanco, Dionisio Ridruejo, Rafael Morales
o García Nieto. Algunos de ellos, no obstante, evolucionarían después
a formas más personales.
La
poesía desarraigada
En el otro extremo
estaría la denominada poesía desarraigada que encabeza el propio
Dámaso Alonso tras Hijos de la ira. El autor siente que el
mundo es un caos y una angustia y pierde la fe, debatiéndose entre dudas y
expresando la angustia existencial ante la muerte. También está presente la
religiosidad, pero desde la duda y las imprecaciones a Dios por permitir tanto
horror. Es por tanto, poesía existencialista , coincidiendo con el
existencialismo del teatro y la novela. En cuanto al estilo, el tono es trágico,
bronco y más sencillo, más despreocupado por la forma.
Se aglutinan los poetas
desarraigados en la revista Espadaña fundada por Victoriano
Crémer y Eugenio de Nora en 1944, año en que publica Dámaso Alonso Hijos de la ira y Vicente Aleixandre, que se convierte en
maestro de los jóvenes poetas, Sombra del paraíso. Entre estos
nuevos autores (Ramón de Garcíasol, Carlos Bousoño, Vicente
Gaos) destacan sobre todo los primeros libros de Gabriel Celaya y
Blas de Otero (Ángel fieramente humano, Redoble de
conciencia).
Los poetas independientes
Además, surgen en los años
40 poetas independientes de gran calidad y difícil clasificación
como José Hierro , José María Valverde o Gloria Fuertes.
Los postistas
También hay grupos
poéticos que entroncan con las vanguardias anteriores a la guerra, representados
por el Postismo(postsurrealismo) de Carlos Edmundode
Ory).
El
Grupo Cántico de Córdoba
O en igual sentido el
Grupo Cántico de Córdoba, que mantenía el entronque con el del “27”,
donde destaca Pablo García Baena.
El realismo social
(o los Poetas de la Generación del 50)
Hacia 1955 se consolida el
“realismo social” en todos los géneros literarios. Los poetas sociales
contarán con el giro que da Vicente Aleixandre cuando publica en 1954 Historia del corazón, centrado en la idea de la solidaridad. A partir
de aquí Blas de Otero, con Pido la paz y la palabra, y
Gabriel Celaya, con Cantos iberos, ambos en 1955, inician la
poesía social. una poesía solidaria que canta las
injusticias y los males del hombre, que pide a gritos la libertad y el cambio,
que se une a los obreros y denuncia las injusticias de la dictadura. Se dedica
“a la mayoría” y por ello los poetas, antes desarraigados, se ven ahora
comprometidos y evolucionan hacia un estilo sencillo, plagado de coloquialismos,
que a veces se vuelve prosaico porque ese estilo se supedita al contenido social
de los poemas.
La temática fundamental es España, con un
enfoque claramente político. Pensaban cambiar la situación y luchar con los
obreros desde la poesía. Pero pronto comprenderán que el pueblo – por ignorancia
o falta de atrevimiento o por el conjunto de ambos factores – no lee sus versos.
2. Los poetas de la Segunda Promoción de
Posguerra (o poetas de los 60 o poetas de la Experiencia)
También a comienzos de los 50, comienzan a
aflorar libros de autores jóvenes que obedecen a planteamientos distintos.
Títulos que, entre otros, ejemplifican la renovación son : Las
adivinaciones (Caballero Bonald, 1952), Don de la ebriedad
(Claudio Rodríguez, 1953), Elegía a un amigo muerto (Vicente
Núñez, 1954), El retorno (José
Agustín Goytisolo, 1955), A modo de esperanza (José
Ángel Valente, 1955), Áspero mundo (Ángel González,
1956), Todo está vivo (Ángel Crespo, 1956),
Metropolitano (Carlos Barral, 1957), Profecías del agua
(Carlos Sahagún, 1958), Compañeros de viaje (Gil de
Biedma, 1959), Las brasas (Francisco Brines, 1960)...
Hay muchos otros nombres : Manuel Mantero, Soto Vergés,
Fernando Quiñones, Aquilino Duque, etc. La presentación de los nuevos
poetas, integrados en el contexto literario de la postguerra, la realiza José
María Castellet en la antología Veinte años de poesía española
(1939-1959).
La variedad creativa de todos estos autores
puede ordenarse en dos tendencias, según cuál sea el modo que tienen de
relacionarse con la realidad y su opción por un tipo determinado de lenguaje :
- Por un lado están quienes mantienen con la realidad poetizada una
ultraconsciencia crítica, resistiéndose a ser absorbidos por ella.
Para evitar la evidencia sentimental y la emoción directa recurren a
procedimientos varios : quiebros irónicos, viñetas históricas y culturalistas
recreadas subjetivamente, ambigüedades, citas manipuladas. Ejemplos de lo cual
son Ángel González, Gil de Biedma, José Agustín Goytisolo,
el primer Valente, Fernando Quiñones, entre otros.
- Por otro lado figuran quienes se sienten conmocionados ante esa realidad,
contiguos psíquicamente a ella, conformantes y no sólo escrutadores de la misma.
Esta cercanía afectiva a lo real se manifiesta en una poesía, visionaria o más serenamente contemplativa,
centrada en los valores elementales de la naturaleza y del hombre, la
reviviscencia de la infancia, la solidaridad humana, la propensión cognoscitiva,
la reflexión elegíaca... Poetas como Claudio Rodríguez, Manuel Mantero,
Carlos Sahagún, Antonio Gamoneda, Francisco Brines o José Ángel Valente, corresponden a esta
segunda tendencia.
La apertura cultural de estos poetas en
relación con los de la generación anterior se traduce en la variedad de
ascendientes de la literatura extranjera : de Rilke a Eliot, de Quasimodo a
Cavafis, de Rimbaud a Novalis, de los poetæ novi y elegíacos latinos (Catulo,
Propercio, Tibulo) a los epigramáticos (Marcial).
Respecto a la literatura española la diversidad
no es menor. Algunos (Barral) niegan su vinculación a la tradición
española. En casi todos influyó, por su poesía y por su actitud civil,
Antonio Machado. En la mayoría resulta evidente la afección a determinados
poetas del 27 : Guillén, Salinas, Aleixandre,
Cernuda.
3. Los poetas Novísimos y sus coetáneos
(poetas de los 70)
Como reaccion frente a la
“poesía social” aparece a finales de los años 60 un nutrido grupo de poetas cuya
más relevante característica fue una muy importante atención a la forma y un
marcado interés hacia los fenómenos que han recibido el nombre de cultura de
masas: cines, cómic, música pop, entre otros.
Novísimos
Son los autores aparecidos en la
antología de Castellet Nueve novísimos poetas españoles. Esta
antología tuvo una gran repercusión de manera inmediata al tiempo que fue objeto
de gran polémica en cuanto al criterio de selección y a la forma de entender la
obra de los poetas antologados.
Los nueve novísimos eran :
José María Álvarez, Félix de Azúa, Guillermo Carnero, Pere
Gimferrer, Antonio Martínez Sarrión, Vicente Molina Foix,
Ana María Moix, Leopoldo María Panero y Manuel Vázquez Montalbán.
El poeta Pere Gimferrer
consigue el Premio Nacional de Literatura a los veinte años con Arde el
mar, el título que simboliza en mayor medida a esta generación. En 1970
abandonó la escritura en castellano, que ha retomado recientemente con libros
como Amor en vilo. Su “Oda a Venecia ante el mar de los teatros”
inauguró la estética veneciana. La muerte en Beverly Hills recrea
paisajes emocionales mediante la imaginería del mundo cinematográfico.
De Guillermo Carnero
destaca su visión personal del amor y el cultivo de la metapoesía, además del
gusto por formas métricas clásicas. Uno de sus poemarios más representativos es
El sueño de Escipión
(1971).
José María Álvarez
ha publicado un único título, Museo de Cera (1970-2002), que ha
ido ampliando en siete nuevas ediciones. La poesía social de sus comienzos pasa
a un cierto decandentismo culturalista en sus últimas entregas.
Leopoldo María Panero
se configura como “poeta maldito”, malditismo que se acentuaría, junto a un
empeoramiento de su estado de salud, hasta llegar a la publicación de
Poemas del manicomio de Mondragón.
El resto de miembros de la
antología se dedicó más tarde a la narrativa excepto Manuel Vázquez Montalbán,
que durante unos años siguió escribiendo poesía, de un marcado carácter social,
y novela.
Poetas afines a los Novísimos
A pesar de que no fueron
incluidos en la canónica nómina de José María Castellet, es posible considerar a
autores como Antonio Colinas, Luis Alberto de Cuenca, Luis
Antonio de Villena o Jaime Siles como poetas afines a los
novísimos.
La evolución de Luis Alberto
de Cuenca es un caso muy particular. Desde una postura cercana a la
“novísima” por su culturalismo (Scholia), mutará de forma
paulatina hacia una poesía realista, de temas cotidianos, delicadas emociones y
fino sentido del humor. (La caja de plata, El otro sueño).
Luis Antonio de Villena
recrea en sus primeros libros un mundo mítico basado en la cultura clásica y
bizantina (El viaje a Bizancio), aunque en títulos posteriores se
ha acercado más al prosaísmo (Los gatos príncipes).
Jaime Siles
ha publicado libros muy diversos, desde los que se acercan a la poesía pura y
visionaria (Canon) como los que lo hacen a una más formalista y
clásica pero también más cercana a la realidad (Semáforos, semáforos).
José Miguel Ullán
destaca en la línea de la poesía visual (De un caminante enfermo que se
enamoró donde fue hospedado).
Juan Luis Panero
combina en sus poemas el culturalismo con el intimismo.
Jenaro Talens
y Aníbal Nuñez (autores de El cuerpo fragmentario,
Cuarzo) son también poetas destacados que reflexionan sobre temas
clásicos de la poesía como el amor, la soledad y la muerte.
Poetas clasicistas
Cultivando una poesía más
clásica en forma y fondo se encuentran Antonio Carvajal, Miguel d'Ors
y Eloy Sánchez Rosillo.
Carvajal,
autor de Tigres en el jardín, es partidario de un lenguaje barroco
que sin embargo no comulga con los postulados novísimos; busca el esteticismo y
para ello se vale de metáforas y formas clásicas como el soneto.
Miguel D’Ors
se caracteriza por una lírica humanizada e intimista a la que añade su
particular visión de la existencia y una fina ironía; es autor deCurso
superior de ignorancia y Hacia otra luz más pura.
En Eloy Sánchez Rosillo,
ganador del Premio Adonáis con Maneras de estar solo (1977), se
presentan simultáneamente los tonos celebrativo y elegiaco, con predominio del
segundo; trata de forma grave los mayores temas existenciales; es también autor
de Elegías, Autorretratos y La certeza, Premio de la
Crítica.
4. La poesía en los años 80
La poesía de la experiencia
Como reacción al culturalismo de
los Novísimos y afines, un grupo de poetas escribe en Granada el
manifiesto La otra sentimentalidad, que reivindica una poesía realista,
con un léxico sencillo, situaciones cotidianas y búsqueda de la emoción. Sus
redactores son : Álvaro Salvador Jofre, Luis García Montero y
Javier Egea. Los modelos de esta promoción hay que buscarlos en los poetas
del 60, especialmente en Jaime Gil de Biedma, Ángel González
y Francisco Brines.
Luis García Montero
se ha convertido en el mayor representante de esta corriente llamada de “poesía
de la experiencia”. Ganó el Premio Adonáis con El jardín
extranjero (1982), libro al que siguieron Diario cómplice
(1988), Las flores del frío (1991), Habitaciones separadas
(1994), Completamente viernes (1999) y La intimidad de la
serpiente (2003), con los que cosechó el Premio Nacional de Literatura,
el Premio de la Crítica, o el Premio Loewe. La mayor parte de sus poemas son de
tema amoroso, especialmente en escenarios nocturnos, aunque también abundan los
de reflexión existencial.
Felipe Benítez Reyes
es otro representante destacado de este grupo. Sus temas preferidos, además del
amoroso, son la memoria, el paso del tiempo y la propia literatura. Es autor de,
entre otros, Los vanos mundos y Vidas improbables,
ganador del Premio de la Crítica y del Premio Loewe.
Vicente Gallego,
(Valencia, 1961). Autor de
Santuario (1986).
Carlos Marzal,
(Valencia, 1961). Su reconocimiento llegó algo más tarde que el de sus dos
predecesores. ConMetales Pesados (2001) ganó el Premio de la
Crítica y, en el 2002, el Premio Nacional de Literatura por el mismo poemario.
Marzal, desde una poesía realista, escéptica e irónica, meditativa sobre el amor
o la amistad (La vida de frontera), pasa, sin embargo, a una menos
figurativa y más cuidada.
Afines a la poética
de la experiencia
Jon Juaristi
(Bilbao, 1951) se aleja levemente de estos planteamientos, ya que en él
predomina un tono melancólico y desengañado ante la realidad y ante él mismo,
cubierto con una sutil ironía. Destaca su reinterpretación de los clásicos y su
preocupación por el problema vasco. Es autor de obras como Tiempo
desapacible.
Otros autores afines a la
poética de la experiencia son : Francisco Bejarano, José Mateos,
Javier Salvago, Abelardo Linares, Juan Lamillar y José
Antonio MesaToré, andaluces todos ellos, que hablan del amor y la
nostalgia con lenguaje sencillo y directo y con métrica tradicional.
Poeta intimista y amigo de las
formas es Justo Navarro.
Andrés Trapiello,
en poemarios como La vida fácil, defiende una poesía tradicional,
de tono sereno y basada en moldes como Unamuno o los Machado.
También leonés, Julio
Llamazares se encuentra a medio camino entre un simbolismo y una serenidad
similar a la de Trapiello, y una nueva poesía épica del mundo rural de
Castilla, que recuerda a la intrahistoria.
Los poetas de la
Diferencia
A mediados de la década, un
conjunto de autores que se agruparon bajo lo que ellos mismos denominaron la
Diferencia, reivindicaron la independencia y libertad literarias, frente a
la poesía de la Experiencia, que consideraban tendencia dominante, protegida,
tal y como afirmaban en sus poéticas y textos teóricos, por los poderes
públicos. Dentro de esta corriente de la Diferencia destacan los
escritores : Antonio Enrique, José Lupiáñez y Fernando de
Villena.
Aunque en un principio cualquier
distanciamiento del paradigma oficial validaba las propuestas de esta corriente,
sus autores fundacionales fueron derivando hacia un tipo de poesía formalmente
más exigente, lejos de la lengua coloquial y las temáticas urbanas. Dicha
estética, más cercana al grupo del 60 (a escritores como Soto Vergés) que
a los poetas de los 50, propugnaba una mayor consistencia verbal en orden a la
atención de los recursos estilísticos, dentro de un lenguaje más figurativo,
esto es, permeable a los símbolos y metáforas, ya que consideraban el cultivo de
la imagen esencial al discurso poético, así como una preocupación temática que
excedía los ámbitos de la cotidianeidad. Frente a una sociedad cada vez más
uniformada, tal y como afirmaban en su teoría poética, en sus hábitos y
pensamiento, fue objetivo de estos autores la diversidad y la disidencia.
Poesía épica o de transfondo
moral
En cuanto a poesía épica,
destacan los nombres de Julio Martínez Mesanza, Julio Llamazares y
Juan Carlos Suñén. En los tres domina el trasfondo moral.
Julio Martínez Mesanza,
a través de endecasílabos, recrea en su poemario Europa los temas
de la valentía y el honor, con escenarios clásicos o medievales pero con un
reflejo en la vida moderna.
Juan Carlos Suñén
es autor de Un hombre no debe ser recordado, Premio Rey Juan
Carlos.
Poesía
irracionalista
Surge asimismo una corriente de
poesía enmarcada en el irracionalismo, alejada también de los postulados de la
poesía de la experiencia.
Dentro de este grupo destacan :
El leonés Juan Carlos Mestre,
autor de poemarios como Antífona de otoñoen el valle del
Bierzo, premio Adonais, La poesía ha caído en desgracia o
En la tumba de Kyats.
Blanca Andreu,
ganadora del Adonais con De una niña de provincias que se vino a vivir en
un Chagall, poemario que justifica su neosurrealismo y su postura
irracional con las constantes alusiones a la droga.
Otro lugar importante lo ocupa
Fernando Beltrán, cuyo "Aquelarre en Madrid", accésit del premio
Adonais del año en que lo gana Luis García Montero, supone un claro
ejemplo de poesía rupturista con el pasado culturalista y una apuesta por la
vanguardia poética. Posteriormente su poesía se orientará también por el lado
social, aunque sin abandonar nunca un cierto irracionalismo y surrealismo.
Otros nombres asociados a la
corriente irracionalista son : Luisa Castro, Amalia Iglesias o
Ángel Petisme (Cosmética y
terror, 1984).
Poesía
metafísica o del silencio
Esta tendencia está representada
por autores como Miguel Casado, (Inventario, 1987),
Esperanza López Parada, Andrés Sánchez Robayna, Álvaro Valverde,
Vicente Valero, Olvido García Valdés, Pedro Provencio,
Ada Salas y Amparo Carballo Blanco, que defienden una poesía
minimalista en la que cobran suma importancia los espacios entre palabras.
Partícipe de la reflexión
metafísica y del hermetismo formal es la poesía de José Carlos Cataño.
Poesía erótica femenina
Es notable la proliferación de
poemarios sobre el erotismo desde un punto de vista femenino, escritos por
autoras como Ana Rosetti (Los devaneos de Erato),
Almudena Guzmán (Poema de Lida Sal, Usted, Calendario, El príncipe rojo) o Aurora Luque (Hiperiónida,
Problemas de doblaje, Camaradas de Ícaro).
5. La poesía en los años 90
Poesía comprometida con la
sociedad
Riechmann
evoluciona desde una poesía metafísica y hermética (Cántico de la erosión)
hasta una comprometida con la sociedad (El día que dejé de leer El País).
Fernando Beltrán,
tras su manifiesto en favor de una "poesía entrometida", orientará parte de su
voz poética a un lado social, sin abandonar el estilo que comenzó con
Aquelarre en Madrid.
Poesía expermentalista (y de
relectura irónica de la vanguardia)
Autores experimentalistas son :
Antonio Moreno Guerrero, (Visión del humo, 1994), Miguel
Ángel Velasco, Luis Muñoz, Álvaro García, Lorenzo Oliván,
Lorenzo Plana y Carlos Pardo.
Poesía del desengaño
Por otro lado, recogiendo la
herencia del realismo sucio, surge una poesía centrada en explorar
emociones que redundan en el hastío y el desengaño. Los autores principales en
esta línea son : Roger Wolfe y Pablo García Casado.
Poesía de la consciencia
Una nueva tendencia, a quien
parte de la crítica ha venido a denominar poesía de la consciencia,
de fuerte raigambre social, se forma alrededor tanto de los encuentros poéticos
organizados en Moguer con el nombre de Voces del extremo como a
través de diversos movimientos de izquierda anticapitalista.
Autores en esta línea son :
Antonio Orihuela, (Si Rocky viera este gato, 1995) Isabel
Pérez Montalbán, Antonio Méndez, David González, Enrique
Falcón o el mismo Jorge Riechmann.
6. La poesía en los comienzos del siglo XXI
La poesía más reciente se mueve
en muy diversos frentes sin que se pueda hablar en ningún caso de una escuela
predominante. Incluso dentro de cada grupo, las diferencias son enormes y en
muchos casos un poeta se puede adscribir a varios de ellos.
Poesía de tema social, humano e
irónico
Han destacado en esta corriente
los siguientes escritores : Ana Isabel Conejo (Vidrios, vasos, luz,
tardes, 2004), José Daniel García, Carlos Martínez Aguirre,
Vanesa Pérez-Sauquillo, Carlos Contreras Elvira, Mariano Peyrou,
Julia Piera, Marjiatta Gottopo, Miriam Reyes, Ben Clark,
Julieta Valero, Mario Cuenca Sandoval, David Leo García o
Martín López-Vega.
En una línea también humana y
social, pero añadiendo un tono expresionista y existencial, se situaría Julio
Mas Alcaraz.
Poesía culturalista
Otros poetas se adscriben de
alguna manera a la herencia del culturalismo : Juan Carlos Abril,
(El laberinto azul, 2001), Juan Antonio Bernier, Rafael
Espejo, Abraham Gragera, Antonio Portela, José Luis Rey,
Alberto Santamaría o, en menor medida, Elena Medel.
Poesía confesional
Algunos autores escriben en tono
confesional, centrando sus composiciones en el yo poético. Ejemplos de lo último
serían : Alfonso Berrocal o Pablo Méndez.
Poesía cercana al purismo
Existe, por otra parte, una
cierta recuperación del purismo (en la órbita de José Ángel Valente).
En esta dirección se situarían : Marcos Canteli, (Enjambre,
2003), Jordi Doce, Fruela Fernández y Ana Gorría.
El grupo poético de Los Lanzarotistas
Un nuevo grupo sería el
denominado "lanzarotistas", moderados por Sánchez Robayna, grupo en el
que destaca Rafael-José Díaz (Moradas del insomne, 2005).
Poetas neorilkeanos
Finalmente, podemos hablar de un
sector de poetas continuadores de la herencia rilkeana (con antecedentes en
Claudio Rodríguez - poeta de los 60
- y Vicente Valero - poeta de los 80 -)
: Javier Cánaves, Javier Cano, José Antonio Gómez Coronado
o Javier Vela,
(La hora del
crepúsculo,
2004).
En definitiva, postmodernismo y
eclecticismo en un grupo extraordinariamente heterogéneo.
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